La misma historia

Fui a la pasada celebración de Viernes Santo para ver si alguien se atrevía a cambiar la historia. Nadie lo hizo. Jesús llegó presto a ser azotado y a cargar la cruz. Los ladrones no dijeron nada como siempre y sólo seguían la bola. Los romanos pretendieron ser verderamente malos y hasta me empujaron para que me quitara de su camino. Poncio dijo lo mismo: “¿A quién quieren libre?”

La gente gritó: “¡a Barrabás!”.

Y los culpables fueron 0tra vez los judíos. Después el cura dio una bendición (no sé para qué) y empezaron los azotes y la gente a pretender que realmente les dolía. Quizás era porque después de la tercera caída ya calor del pavimento empezaba a calarles en las rodillas. Pero Jesús no dejó de caer. Y como todo personaje celebre utilizó su autoridad para decirle al romano que no molestara a los periodistas que le querían sacar fotos en cada caída. “Deja a los periodistas hacer su trabajo,” le dijo. El romano le respondió “está bien” y le dejó caer otro latigazo.

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